La casa de un sueño en Italia
Posted January 9th, 2008 byCategories: Uncategorized
Siempre he soñado cosas absurdas, cosas muchas veces mejores que mi no mala realidad. Me gusta soñar y casi nunca lo hago dormido, pero esta vez me sucedió que sí, sucede que soné asombrosamente con una de las casas más alucinantes y maravillosas del mundo. Yo estaba en España, en mi casa de siempre en Madrid, de pronto, al salir de la casa me encontraba en lo más alto del teatro romano, llevaba puesta una armadura de los soldados del emperador Julio Cesar y en mi mano derecha cargaba una brillantísima espada de acero y en la otra mano, un escudo casi tan grande como yo. En el piso, una capa roja flameaba cubriéndome la espalada hasta los pies.
Tras mío cientos de soldados mucho más grandes y mucho más musculosos que yo corrían envueltos en gritos de guerra hacia mí, solo atiné a cerrar los ojos y al abrirlos, ya estaba en un elegante restaurante de Milán, comiendo unos deliciosos espaguetis y con una deliciosa copa del mejor vino italiano, acompañado por una hermosa y rubia mujer. Me sentía muy a gusto y la desesperación por saber si esos espartanos aún me perseguían había desaparecido por completo con la primera sonrisa de esa chica, en mi cabeza pensaba que sueño más delicioso.
Cuando la rubia estaba a punto de besarme, algo me obligó a pestañar y al abrir los ojos estaba en medio de una pista en Catania –no imagino cómo es que sabia que me encontraba en Catania, pero estaba muy seguro en eses momento-, estaba solo y con un dolor de cabeza impensable, insoportable. Hacia mucho frío y el abrigo que llevaba no me soportaba el cuerpo, decidí correr entonces a buscar un lugar donde escapar del frío, pero al mirar a mis alrededores, veía a toda la gente caminado muy alegremente, con ropa bastante ligera e incluso a muchos de ellos tenían envases de helados en las manos.
Repentinamente un objeto –quizás uno de tantos helados- golpeó mi cabeza y me llevó al piso, cuando desperté nuevamente me encontraba en una cálida casa, muy grande y bastante confortable, me sentía muy a gusto y llevaba una bata muy fina y un puro muy bueno en la mano. Lo más fascinante de esa casa era las ventanas, se encontraba en lo alto de una montaña o quizás sobre el ultimo piso de un edificio, no lo sé, pero tenia una vista preciosa, podía ver desde ahí el teatro romano, parte de Venecia, muchas bellas arquitecturas y restos arqueológicos formidables, podía ver la playa y el azul clarísimo del mar, podía respirar italiano por todos lados, era mi sueño dorado hecho realidad.
El sueño desde el inicio era inefable, pero vale la pena soñar.